Toldos


Limpieza de toldos

Existen toldos cuya limpieza puede resultar complicada. Un ejemplo de ellos son los toldos y estructuras que por la altura en la que han quedado anclados en ventanas o en terrazas,  puede resultar peligrosa o incluso inaccesible. Lo ideal es tener la posibilidad de desmontar el mecanismo para su posterior limpieza.

Si no podemos desmontarlos lo mejor es acudir a un especialista. El ahorrarnos un poco de dinero en la limpieza de los toldos a la larga nos provocará que la vida de estos elementos de protección solar se haga más corta, y en caso de hacerlo por cuenta propia puede darnos más de un susto indeseado.

Uno de los aspectos más importantes son el trato y el mantenimiento de los brazos móviles de los toldos. Las piezas que serán de algún tipo de metal. deben limpiarse con un producto que esté especialmente indicado para esta actividad. El tratar de limpiarlo con algún otro limpiador puede provocar el deterioro del metal o el desconche de la pintura que poseen la mayoría de los toldos. Además de esto debemos ser vigilantes ante el engranaje de sus mecanismos, ya que la inactividad de éstos durante las heladas, la nieve, lluvia o granizo, puede llegar a atascarlos. Para engrasar las bisagras y engranajes lo mejor es utilizar aceite o cera.

La lluvia es uno de los grandes enemigos de las lonas de los toldos. En el caso de que lleguemos tarde y el toldo se haya mojado, el mejor consejo es dejarlo desplegado hasta que se seque cuando acabe la tormenta. Si guardamos un toldos mojado la humedad lo estropearía, pudiendo podrirse la tela.

Los colores de las telas que forman los toldos, es normal que con el sol vayan perdiendo su viveza con el tiempo. Existen tintorerías especializadas a las que podemos acudir para estos casos y recuperar sus colores primitivos, ya que muchas urbanizaciones por motivos de estética, obligan a que todos los vecinos tengan el mismo color de toldos, y no sería la primera vez que un toldo rojo se torna naranja.

Las manchas provocadas por la suciedad del ambiente o por el arena y polvo que arrastra el viento debe ser recogida por una aspiradora antes de que llueve y la humedad perpetre estos colores negros y grisáceos en nuestra tela.

Si hemos llegado tarde la mejor solución es un cepillo de cerdas suaves o una esponja, agua fría y una pequeña cantidad de detergente o jabón neutro. Si a pesar de todo las manchas del toldo resistenten, podemos añadir al agua un par de gotas de amoniaco, eso sí, la lejía por razones obvias queda terminantemente prohibida.

Otro remedio de la abuela para preservar la intensidad de los colores, es añadir al agua unas gotas de vinagre a la hora de aclarar el jabón.